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Agosto 2010
HOMENAJE AL ARRIERO SERGIO CATALÁN: Construirán una estatua ecuestre en homenaje al jinete del milagro de los Andes
13.10.2009
VIVEN: la tragedia de los Andes. Noticia publicada en EL PAÍS de los niños.
30.10.2008
Pablo Vierci dialogó con El Observador sobre su nuevo libro, en el que hablan todos los sobrevivientes de los Andes
26.10.2008
A 36 años de la tragedia de los Andes, un libro reúne por primera vez la visión de los 16 que vivieron.
15.10.2007
Se cumplieron 35 años.
06.07.2007
Los 16 uruguayos supervivientes de un accidente aéreo en los Andes pudieron demostrar con hechos su agradecimiento al arriero chileno que los encontró hace 35 años.
18.02.2005
Aparecen en los Andes varios objetos pertenecientes a uno de los 16 uruguayos que sobrevivieron a la tragedia área de 1972.
26.10.2008 | Las 16 montañas
Reciben decenas de correos y once dictan cientos de conferencias en el mundo. Pese a los años, la historia sigue vigente, aunque más afuera que en Uruguay.

A 36 años de la tragedia de los Andes, un libro reúne por primera vez la visión de los 16 que vivieron. Hablan de cómo los marcó, sus diferencias y se defienden de las críticas por el dinero.

MIGUEL BARDESIO

Un profesor liceal de Toronto (Canadá) busca la forma de erradicar la violencia de su colegio: "Perdí a ocho estudiantes por asesinatos y otros más por asesinos y estoy haciendo lo posible para parar esta tendencia", contó el docente al uruguayo Pedro Algorta, uno de los sobrevivientes de los Andes. Luego, le añadió un pedido especial: "Pedro, lo único que quiero es una nota autografiada diciéndoles a mis chicos que hagan lo mejor y después, déjemelo a mí". Algorta se conmocionó al recibir este mail, respondió con un relato de lo sucedido en los 72 días en la cordillera y animó a los jóvenes a superar sus "propias montañas".

Por una pendiente diferente, José Luis (Coche) Inciarte recibe ahora más pedidos que nunca para sus conferencias de motivación. "Con esto de la crisis financiera, me llaman empresas de todos lados", dijo hace unos días en su casa de Carrasco. Hoy debe estar en México y la semana próxima viajará a Portugal junto a otro sobreviviente, Álvaro Mangino, con quien dicta la charla: "¡Se puede! ¡Depende de nosotros!" En total, once sobrevivientes hacen este trabajo con una frecuencia de 10 a 80 anuales, según el caso.

Pasaron 36 años de la "Tragedia" o "Milagro" de los Andes, pero a juzgar por la avidez por escucharla, tomarla como ejemplo de superación humana, conocer y preguntar a sus protagonistas, parece que los 16 muchachos regresaron ayer de la cordillera, donde casi todos los daban por muertos. La página oficial viven.com recibe entre 20 y 40 mails diarios ("Gracias por enseñarnos a vivir", dice uno y otro: "Soy peruano. He quedado conmocionado por la historia. Me gustaría conocerlos").

La identificación, curiosamente más intensa en el extranjero que en Uruguay, se mantiene tan intacta que estos días sale un nuevo libro y un documental sobre la tragedia. El jueves se presenta La sociedad de la nieve, de Pablo Vierci, un texto que reúne por primera vez los testimonios de los 16 sobrevivientes. Lo mismo hace la película Stranded (Náufragos. Vengo de un avión que cayó en las montañas), documental del uruguayo Gonzalo Arijón que se estrenó en algunos países y llega a Uruguay en noviembre con algunos premios en su historial.

El libro se presenta como el "final de la historia", es decir: el relato de lo ocurrido en la montaña, más los 36 años que siguieron en el llano y desde la visión de cada uno. "La montaña" y "el llano" son categorías muy comunes que usan los sobrevivientes para marcar las diferencias entre la vida en la cordillera, con sus retos, su valor colectivo y lo difícil que resultó para algunos adaptarse al mundo "normal" y "egoísta".

Para el sobreviviente Adolfo Strauch, la peripecia tiene hoy más actualidad que nunca. "En un momento de crisis profunda de valores, esto es algo sólido a lo que aferrarse". Y Gustavo Zerbino, otro "hermano-sobreviviente" -como se llaman entre ellos- opina: "Nuestra historia le pertenece a la especie humana. Demuestra que, aún en su mínima expresión, en el lugar más inhóspito, contra la adversidad extrema, abandonado por los gobiernos, la Iglesia, los valores, solo, desnudo, con todo en contra, el hombre sobrevive. Esto es lo que hace rica la historia".

Los sucesos son conocidos: 45 personas, en su mayoría jóvenes rugbiers del Old Christians, abordaron el 12 de octubre de 1972 un avión militar hacia Santiago. Tras una parada en Mendoza, el Fairchild 571 se estrelló el 13 de octubre en la cordillera; 29 se salvaron del impacto, pero dos murieron días después. El 29 de octubre, una avalancha sepultó ocho vidas más y otros tres fallecerán luego debido a la gangrena e infecciones de sus heridas. El 22 de diciembre y tras 10 días de caminata, Fernando Parrado y Roberto Canessa contactaron a un arriero chileno y se produjo el rescate. Al otro día, El País tituló: "Están bien tras increíble odisea".

Hoy, el título podría ser el mismo. Rondan los 60 años, suman 57 hijos y más de 25 nietos. Canosos o pelados, con algún achaque por la edad y con las "heridas casi cerradas", como dicen, ahora encontraron un motivo común para exponer la historia, sin una carga de culpa.

Adolfo Strauch, por ejemplo, no habló en público por 30 años. "Primó el silencio por respeto a los que no volvieron. Si ellos pudieran hablar, nos hubieran dicho: `guarden discreción, dejen en paz a nuestras familias, no se hagan demasiado visibles`. Cada vez que me cruzaba con algún padre o madre de los fallecidos trataba de que no me viera. Pero ahora el tiempo ha cerrado prácticamente la herida y nos vino la necesidad de sacarle lo positivo a esta historia".

Inciarte vivió algo parecido. No habló; por 30 años se dedicó a trabajar como productor agropecuario y construir su familia. Le ha mortificado una pregunta: ¿por qué él sobrevivió y otros, "más buenos y generosos", hallaron la muerte? Aún no encuentra respuesta clara, pero sí le da cierto sentido a la peripecia en las charlas que ofrece, tanto para empresas como para grupos sociales.

"En las compañías encuentran el gancho en el trabajo en equipo, compañerismo, liderazgo... todo eso es cierto, pero nuestra motivación no era la productividad, era la vida. No importa; yo les hablo a los seres humanos, al gerente y al portero, de alma a alma, les cuento por lo que pasamos y cómo el hombre puede superar lo que cree imposible. Si por lo menos a uno del público le entra ese mensaje y lo ayudo en algo, ahí está la respuesta al por qué y para qué de la gran tragedia que vivimos".

Pero Inciarte valora como positivo que la historia cobre más notoriedad afuera que en Uruguay, justamente por la convivencia con las familias de los fallecidos, todas vecinas del barrio Carrasco. Con la mayoría mantienen buenas relaciones, pero persisten diferencias, sobre todo por la crítica hacia los sobrevivientes de que hacen dinero contando la historia (ver nota aparte).

Pedro Algorta es el único que no vive en Uruguay. Reside en Buenos Aires y recién accedió a contar su historia el año pasado. Ahora, prepara una segunda carta, esta vez manuscrita, para aquellos chicos canadienses. "La verdad que (el docente) no la tiene fácil", comenta.

MUERTE AL LADO. Este miércoles se cumplen 36 años de una noche crucial de la historia: 29 de octubre de 1972. Han pasado 13 días del accidente, los 26 sobrevivientes saben que se suspendió la búsqueda, se organizaron y desde hace unos días se alimentan de los fallecidos; algunos lo aceptan mejor que otros. Se disponen a dormir en los restos del fuselaje inclinado; unos enfrentados con otros: Javier Methol, por ejemplo, abriga en su pecho los pies de su esposa Liliana y ella hace lo mismo con los de su marido.

De pronto, un estruendo los sobresalta y todos quedan bajo la nieve, salvo el "vigía" de turno, Roy Harley. Methol sacude la cabeza y logra respirar, pero su esposa está enterrada; él no intenta el mínimo movimiento porque cualquier fuerza de sus pies la empujaría más abajo. Alguien lo saca finalmente y empieza a excavar con desesperación… Liliana Methol, la única mujer del grupo, "la madre de la montaña" como le han llamado algunos, aparece muerta.

En otro rincón, Adolfo Strauch también queda enterrado. Allí abajo lo tienta la muerte. "Casi me aflojo, pensaba que era más fácil morir que seguir luchando. Pero sentí una voz. Era Roy Harley, que me agarró de la mano y salí. Empecé a gritar porque supuse que si yo casi me entrego, los demás estarían en la misma. Y debe haber sido así, porque algunos que sacamos estaban muertos y con una cara de placidez, de cuando la muerte te va llevando; es una transición suave, dulce y hasta agradable. Todos estuvimos muy cerca de ella", relata.

Bajo la nieve, Inciarte ve un túnel y la silueta de su padre fallecido; su sensación fue de paz y felicidad al punto de que está a un tris de dejarse ir. Pero una mano, justamente de Adolfo (Fito) Strauch, lo saca. "Ahí me vino la gran disyuntiva: si volver a ese paraíso de felicidad, con mi padre, o a esa vida de mierda, llena de sufrimiento. Pero era la única que conocía y volví al avión horrible, a escarbar y buscar amigos vivos y muertos, sin ninguna lógica, sin ton ni son. Encontrábamos un fallecido al minuto y otro vivo a los 10".

Javier Methol se repone del impacto. Su esposa yace a su lado y desde ahí, se promete volver: "Yo tengo cuatro hijos, tengo que volver a llevarles el amor de su madre".

Seguramente, esta cercanía con la muerte sea el "secreto del éxito" de la historia. Lo que "en el llano" se busca olvidar en cajones y cementerios, ellos lo tenían allí al lado y también dentro. "Habíamos incorporado la muerte como algo natural, que nos podía pasar en un segundo", dice Gustavo Zerbino.

Inciarte la define como "seductora". Él había decidido morirse el 24 de diciembre. Estaba herido en una pierna, casi no comía, ni hablaba. Numa Turcatti había fallecido el 11 de diciembre por una herida similar a la de él. "Vi morir amigos todos los días y me preguntaba qué habían hecho de malo. Nada. Numa Turcatti, por ejemplo, fue el más bueno y generoso que conocí, había escalado montañas y ayudado a todos. ¿Y qué recibió? La muerte. ¿Por qué? Porque había sido mucho más solidario que yo y gastó su energía. Entonces, empecé a pensar que la muerte no era un castigo, debía ser un premio. El 24 de diciembre, me iba a dejar seducir por ella".

Dos días antes, sin embargo, la escalada de Parrado y Canessa dio sus frutos; hasta hoy los andinistas no comprenden cómo estos dos muchachos desnutridos, sin entrenamiento en montaña, lograron trepar esos picos nevados.

LA VUELTA. Gustavo Zerbino está ahora en una disyuntiva: preside la empresa Cibeles y la Unión Farmacéutica Multinacional, es vicepresidente del club Old Christians, da conferencias sobre "comportamiento humano" y además, tiene siete hijos. "No sé dar el 5%; yo doy el 100% y estoy agotado. Tengo que encontrar un punto de equilibrio. En la montaña, aprendí a sobrevivir dando todo lo que tenía, pero acá tengo que aprender a vivir. Y en un mundo que es muy medido, egoísta e indiferente".

Para él, los primeros días a su regreso de la cordillera, fueron de felicidad por el reencuentro, pero algo le molestaba: la gente los miraba con expectativa; "no sabían cómo tratarnos". Con Fernando Parrado se compraron motos y marchaban lejos para poder estar solos.

Pablo Vierci tituló "La sociedad de la nieve" justamente porque plantea que allá arriba se formó una comunidad diferente, unida con el objetivo de salvarse. "Nosotros para morir teníamos millones de excusas, pero para vivir apenas una. Y cuando nos aferramos a eso, el yo se transformó en nosotros. Todos al servicio de todos y se generó una fuerza ilimitada. Yo nunca fui más feliz en mi vida que en la montaña. Soy feliz ahora, pero el ser humano allá, en su potencialidad, era perfecto", asegura Zerbino.

La sociedad sigue funcionando. Cada 22 de diciembre, se reúnen a recordar el rescate y se llaman "hermanos", pese a que existen diferencias. Sobre todo, por "protagonismo", dice Inciarte. Varias veces han discutido en la interna del grupo, pero después "pasa", añade Inciarte. Y Javier Methol: "Como en toda familia, hay rivalidades".

Hace unos meses se casó la hija de Roberto Francois, otro de los sobrevivientes. Según relata Vierci, estaba muy nervioso por la ceremonia. Pero algunos de sus compañeros de montaña se acercaron, le susurraron algo al oído y Francois entró transformado a la Iglesia.

Tras la tragedia, solo uno recurrió al psicólogo

Pablo Vierci conoce bien a aquel grupo de jugadores de rugby que volaron a Santiago el 12 de octubre de 1972. Fue compañero de ellos en el colegio Stella Maris-Old Christians y ahora publica el libro La sociedad de la nieve, texto que reúne por primera vez la visión de los 16 sobrevivientes.

De Editorial Sudamericana, el libro se presenta el jueves 30 en el gimnasio del colegio, como una recreación de la conferencia de prensa que dieron los sobrevivientes el 28 de diciembre de 1972.

-¿Por qué el título "La sociedad de la nieve"?

-No recuerdo quién usó el término, pero son palabras de ellos. Desde la perspectiva de los 16, surge claramente que, en la montaña, tuvieron que formar una sociedad nueva de la nada para poder sobrevivir. Eso es lo que me pareció más interesante de la historia; cómo formaron algo totalmente nuevo que les permitió hacer posible lo imposible.

-¿Cómo se divide el libro?

-Cada uno de los 16 tiene un capítulo en que se muestra, en primera persona, su cosmovisión de los hechos y de los 36 años que siguieron. Son ópticas diferentes, pero juntas forman "la sociedad de la nieve". Además, se intercalan capítulos de enlace donde se narran los hechos limpios.

-¿Qué tienen en común?

-Hay varios denominadores comunes. Conozco a la mayoría desde la niñez y para la preparación del libro he tenido muchas horas de entrevistas con cada uno. Tienen una noción de la frontera entre lo posible y lo imposible muy distinta de la normal; llevaron el límite más allá. Sienten distinto el miedo. Esto lo vi porque fui con varios de ellos al Valle de las Lágrimas (el lugar del accidente); es un camino a caballo peligrosísimo, pero lo hacían con naturalidad. Son además muy frontales; ellos contestan lo que sea, no tienen eso de cuidar un poco las formas, la diplomacia. Y son personas muy nobles. Lo ves eso en los hijos que criaron.

-¿No viven aquella experiencia como traumática?

-Los criterios de patología psicológica, trauma, todo eso no sirve para esta historia. De los 16, solo uno fue al psicólogo. Luego del rescate, algunos padres los llevaron al psiquiatra, pero se quedaron callados unos minutos y se fueron.

Las Marcas de los ANDES

"Somos muy duros de roer. Difícilmente te achiques o apagues ante algo; un problema económico o la muerte de un familiar son cosas complicadas, pero eso no nos detiene" (Adolfo Strauch).

"En mi vida normal, nunca recuerdo nada de los días

en la montaña. Jamás tuve pesadillas, ni nada de que me arrepienta. Si alguien me pregunta, puedo revivirlo y saco grandes aprendizajes" (Gustavo Zerbino).

"En 2002 arrendé el campo y me jubilé. Empecé a pintar cuadros, siempre paisajes de montañas y nieve. Pasé 35 años en el campo, pero nunca pinté uno. Esos 72 días fueron más fuertes que todo el resto" (José Luis Inciarte).

"Pensé que la muerte no era un castigo, debía ser un premio, y me iba a dejar seducir por ella".

"Cuando hay plata, hay lío"

Por las conferencias y cada vez que aparece un libro, una película o lo que sea sobre la historia de los Andes, resurge el debate sobre el dinero que ganan los sobrevivientes con el relato. Esta vez, seguramente, no será la excepción.

Javier Methol, hoy de 72 años y el mayor de los sobrevivientes, se defiende: "¿El dinero es malo? ¿Si lo uso para vivir, mantener a mi familia y para ayudar a las personas?", se pregunta en referencia a la Fundación Viven, una ONG que crearon en 2007 los sobrevivientes y que apoya múltiples programas sociales y se financia del aporte de ellos. De hecho, los royalties que les corresponden por el libro de Vierci, irán para la Fundación.

José Luis Inciarte también hace su defensa. "He ido a hablar gratis a muchos lados. Si me llaman de una parroquia, de un club, de una escuela, como me ha pasado, no pretendo absolutamente nada. Voy y agradecido. Ahora, cuando de una empresa -algunas muy grandes en el mundo- me piden que viaje, que prepare una charla, ¿por qué no voy a cobrar como un trabajo más si a todos los que dan conferencias de cualquier cosa les pagan?"

Dependiendo de la conferencia, la empresa y del sobreviviente que la dé, la charla cuesta entre 5.000 y 50.000 dólares.

"La comida fue lo más humillante"

La revelación, a los pocos días del rescate, de que habían empleado los cuerpos de los fallecidos para alimentarse, produjo que muchos centraran la historia en ese aspecto.

Más de una vez los sobrevivientes se enfrentaron a la pregunta: ¿A qué sabe la carne humana? Javier Methol, responde: "El sabor de la salvación. Nosotros no comimos, no saboreamos esa carne. Nosotros nos salvamos con ella. Tiene el mismo gusto de la hostia, el cuerpo de Cristo. El sabor de la salvación no se percibe en la boca, sino en el alma".

Como estas inquietudes se presentan a menudo, algunos de los que dan conferencias, la empiezan por ahí, para que la gente se "destranque de entrada".

José Luis Inciarte dice que sabe "a nada", a "carne congelada". Él fue de los que más resistió la ingesta, no porque la mente se negara, sino por repulsión. "Eso fue lo más humillante que vivimos. Ni los animales comen de su misma especie, pero nosotros tuvimos que hacerlo para honrar la vida".

Gustavo Zerbino era uno de los encargados de la "operación comida", pero más allá de ese uso, él se encargó de traer recuerdos a los familiares y tenía identificados cada uno de los cuerpos. "Todos podrían haber recibido una perfecta sepultura, pero después se resolvió quemar todo", agrega.

Material: PORTAL DIGITAL EL PAIS, Domingo 26.10.2008.
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