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Agosto 2010
HOMENAJE AL ARRIERO SERGIO CATALÁN: Construirán una estatua ecuestre en homenaje al jinete del milagro de los Andes
13.10.2009
VIVEN: la tragedia de los Andes. Noticia publicada en EL PAÍS de los niños.
30.10.2008
Pablo Vierci dialogó con El Observador sobre su nuevo libro, en el que hablan todos los sobrevivientes de los Andes
26.10.2008
A 36 años de la tragedia de los Andes, un libro reúne por primera vez la visión de los 16 que vivieron.
15.10.2007
Se cumplieron 35 años.
06.07.2007
Los 16 uruguayos supervivientes de un accidente aéreo en los Andes pudieron demostrar con hechos su agradecimiento al arriero chileno que los encontró hace 35 años.
18.02.2005
Aparecen en los Andes varios objetos pertenecientes a uno de los 16 uruguayos que sobrevivieron a la tragedia área de 1972.
Entrevista a Fernando Parrado: Octubre de 2001
Fernando Parrado es uno de los 16 sobrevivientes de la tragedia aérea de los Andes, en 1972.
Ésta es su historia y sus lecciones para el mundo de hoy

A primera vista, Fernando Parrado parece un hombre normal. Alto, robusto, con el pelo castaño liso, vestido con un caqui y una chaqueta de gamuza, con gestos que denotan gran tranquilidad y paciencia. Uruguayo, empresario exitoso -además de presidir el negocio familiar, Seler Parrado, una de las ferreterías más grandes de Uruguay, es dueño de dos productoras de televisión y socio de una empresa de televisión por cable--, casado desde 1979 y con dos hijas, de 17 y 19 años. Nada fuera de lo común.

En realidad, es todo menos un hombre normal. Es excepcional.

Nando -como se le conoce comúnmente-, es uno de los sobrevivientes -con otras 15 personas- de una de las tragedias aéreas más famosas de la historia: la caída de un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya sobre las montañas de los Andes, entre Argentina y Chile, en octubre de 1972. Llevaba a los Old Christians -nombre del equipo de rugby de un colegio de Montevideo- a jugar en Santiago de Chile. Entre ellos, Nando, uno de los jugadores del equipo. Para ese evento especial, Parrado había invitado a su madre y a su hermana menor.

Después de pasar una noche en Mendoza, Argentina -no cruzaron los Andes en el momento planeado por las condiciones del tiempo- el avión emprendió camino temprano al día siguiente. Pero el piloto no calculó bien su posición, y el avión se vino a pique, dejando la cola en un lado, las alas en otro, y el fuselaje, entero, en un valle de nieve y piedra, desde donde se veían solamente los picos nevados de las montañas que rodeaban el sitio del accidente.

Luchando durante 72 días contra temperaturas inhumanas -por la noche bajaban hasta menos 40 grados centígrados-, contra el hambre, contra la sed, contra el hacinamiento -el fuselaje del avión era el único refugio que tenían- y contra el aburrimiento en la cima de una de las montañas más altas e inhóspitas del mundo, 16 individuos lograron sobrevivir. Lo lograron con todas las probabilidades jugando en su contra.

Y en gran medida lo lograron gracias a Nando, que junto con un co-equipero del Old Christians, Roberto Canessa, se jugaron la vida escalando montañas que hasta alpinistas profesionales consideran toda una proeza. Sin equipo sofisticado, sin fuerzas en el cuerpo, sin alimentos -salvo la carne humana que llevaban en un improvisado maletín, la única fuente de alimento durante su vida en la montaña- y con muy poca protección contra el frío, estos dos jóvenes de 21 años emprendieron una travesía de diez días, hasta hacer contacto con otros seres humanos. Gracias a ellos pudieron rescatar a los otros 14 supervivientes, que se quedaron esperando arriba, en lo que se conoce como el Valle de las Lágrimas.

El Valle sigue igual que hace 30 años, salvo por una pequeña cruz de hierro que se levanta sobre un improvisado altar de piedra bajo el cual están enterradas algunas de las personas que no sobrevivieron al accidente. Entre ellas, la madre y la hermana de Nando -Eugenia y Susana, respectivamente-, a quienes él tuvo que enterrar, con sus propias manos, en un árido y congelado glaciar. Su madre murió instantáneamente. Susana sobrevivió el impacto pero murió a los pocos días por las heridas que había sufrido. Murió en brazos de su hermano. "Lo más difícil para mí fue enterrar a mi madre y a mi hermana con mis propias manos en el hielo", dice Nando.

De esa experiencia desgarradora desde el punto de vista personal quedaron muchas lecciones que Nando se ha encargado de aplicar en su vida y que tienen gran aplicación en el mundo de los negocios de hoy. Para superar la tragedia, los 16 sobrevivientes tuvieron que aprender a trabajar en equipo, a escuchar siempre atentos a las buenas ideas, a innovar, a decidir en condiciones de extrema presión. Estuvieron dos largos meses asediados por la muerte, pero la derrotaron. Y eso valida lo que hicieron en la montaña -su manera de trabajar, de tomar decisiones, de liderar-.

"La lección más grande para mí tuvo que ver, sobre todo, con la toma de decisiones", dice Nando, sentado en una mesa en un hotel en San Francisco, tomando una Coca-Cola, y hablando de su experiencia. "Parece ridículo lo que voy a decir, pero generalmente una decisión a mí no me toma más de 30 segundos, por difícil que sea. Porque en los Andes decidí en 30 segundos la manera en que me iba a morir. Cuando estaba en las montañas y vi lo que había adelante, estaba muerto". Estaba recordando su travesía para ser rescatados. Recordaba el momento en que, al escalar la cima más alta de las montañas que se veían desde donde estaba el fuselaje del avión, se dio cuenta que no estaban donde él pensaba -al oeste, cerca de Chile- sino que lo que había por adelante era más nieve, más piedra, más nada. "Ahí decidí que me iba a morir caminando y no mirando a los ojos de mi amigo [Canessa]. Cualquier otra decisión comparada con la decisión de cómo vas a morir es un juego. Entonces siempre que tengo algo que decidir, me acuerdo de ese momento".

Tomar decisiones rápidamente es una gran virtud. Virtud que los empresarios de hoy, inmersos en un mundo competido, requieren cada vez más. Quien no decide, muere. "Si tomo la decisión equivocada tengo tiempo de corregirla", dice Parrado. "Es fundamentalmente mejor [decidir y equivocarse que no decidir], porque hay tiempo de volver atrás". Sin saberlo, en la mitad de la nada, Nando aprendió una lección fundamental en la vida de los negocios: el mayor de todos los riesgos es decidir no tomar riesgos. Nada más peligroso que el status quo.

Para ilustrar esa primera lección, Nando pone un ejemplo. "El tema de cómo nos alimentamos [con carne humana] es un ejemplo de toma de decisiones perfecta. Es una consecuencia lógica por el tiempo, por la forma en que tu mente comienza a pensar allí. Había solamente tres opciones: I) esperar y morirnos todos dentro del fuselaje mirándonos a los ojos, y nadie quería llegar a esa opción; II) cometer suicidio masivo, nos agarramos todos y saltamos en una grieta; III) comer carne humana". A pesar de lo dramático de la decisión, todos decidieron, en equipo, seguir por la tercera vía.

Pero no solamente de decisiones aprendió Nando. Aprendió, también, que aunque las decisiones tomadas democráticamente funcionan, llega un momento en que alguien tiene que decidir, porque no siempre es fácil poner de acuerdo a un grupo de personas sobre la forma de actuar. Y ese alguien se vuelve líder de la organización o, en este caso, de un grupo de jóvenes luchando día a día, segundo a segundo, por sus vidas.

"No siempre el que está apuntado como líder es líder. Generalmente uno es líder sin saberlo, por sus acciones", reflexiona Nando Parrado. "Con el tiempo, los líderes fueron cambiando por sus acciones. Nadie dijo: tu vas a ser líder y nos vas a mandar. Hubo tres o cuatro líderes fundamentales que a través de sus acciones fueron liderando. Sin darse cuenta de lo que hacían. Era imposible pensar más allá de unos minutos, porque nos estábamos congelando. ¿Cómo íbamos a pensar en desarrollar un líder?".

Lección número dos: los líderes no nacen, se hacen. Y se hacen con acciones. Lección importante para los ejecutivos de hoy, muchos de los cuales creen que merecen ser el siguiente en la línea de mando por el hecho de ser fulano de tal, o de tener relaciones con tal o pascual. Están equivocados. La experiencia, la ejecución, los resultados, son los que hacen un líder. Y quien no tenga esas cualidades no va a liderar eficazmente. En palabras de Parrado: "Los líderes son personas normales que tienen acciones estupendas o extraordinarias en circunstancias difíciles". Para Nando, un líder debe tener carácter, debe lograr tener carisma sin saberlo para que la gente crea en él, y debe hacer las cosas bien. Porque nadie sigue un líder si no hace las cosas bien. En otras palabras, los líderes son quienes logran resultados, quienes consiguen hacer lo que se proponen.

Pero no hay líderes sin equipo. Al contrario, los verdaderos líderes son aquellos que pueden trabajar en equipo y dejan trabajar, dejan que cada uno de los miembros aporte sus experiencias para hacer funcionar al equipo como un todo. "Fuimos todos solidarios, poco egoístas, que es muy importante. Nunca fuimos tan buenos [trabajando en equipo] como [en los Andes]", dice Nando.

Tercera gran lección: la del trabajo en equipo. Solamente haciendo las cosas juntos, coordinadamente, se logran resultados. Hay muy pocas personas capaces de lograr resultados excepcionales, pero hay equipos capaces de generar resultados excepcionales. El hecho de que Nando Parrado esté vivo es prueba fehaciente de ello. Nadie hubiese sobrevivido ese accidente si hubiese estado solo.

Un equipo, sin embargo, no funciona porque sí. Necesita tener objetivos. De nada sirve tener el mejor grupo de gente, el más coordinado, el que mejor ejecute, si no saben para dónde van. Y para ello, el objetivo, además de único, debe ser común. Todos los miembros del equipo deben estar totalmente convencidos de ese objetivo, de que lo van a alcanzar, de que lo van a lograr. "El objetivo nuestro era sobrevivir… todo el instinto, toda la fuerza, la inteligencia, el trabajo en equipo, se puso en un solo objetivo: salir de ahí por nosotros mismos [porque oímos por la radio que nadie nos iba a rescatar]. En mi caso, sabía que tenía que conservar mis energías hasta el verano (el avión se estrelló en octubre, en pleno invierno en el hemisferio sur) porque no podíamos intentar salir de ahí antes por el frío, te hundís en la nieve hasta la cintura. Yo decía: si me pongo triste y lloro, voy a perder sal por mis lágrimas. O sea, no puedo darme el lujo de perder aunque sea esa energía. Cerré mi mente a todo sufrimiento y me transformé en una máquina de supervivencia. Con un solo objetivo: salir de ahí vivo".

La obsesión con los objetivos y con el resultado -y la visualización del mismo-, mantuvieron vivos a Nando y a sus amigos. Esa obsesión y visualización es lo que mantiene vivas a las empresas hoy.

Cuarta lección: aquellas empresas con un objetivo claro, que saben lo que quieren y para dónde van, y que ejecutan sus acciones pensando siempre en que van a llegar allá, son las que logran lo que quieren. Aquellas que no tengan un objetivo definido, no lo lograrán. Así es la vida, y así son los negocios. Y las acciones diarias tienen que estar encaminadas a lograr ese objetivo, a justificarlo.

"Teníamos un objetivo definido en tiempo, lugares, espacio, qué íbamos a hacer, todo… el resto era una rutina de supervivencia diaria, que en lugar de nublar el objetivo final lo que hacía era justificarlo", dice Nando sobre el balance de sus objetivos de corto y largo plazo. Consejo útil para ejecutivos, que a menudo no balancean la rutina y la meta final.

Otra de las lecciones que aprendió Nando en la cima de la montaña es que se necesita ser muy creativo para buscar soluciones. Que siempre hay que innovar. Durante su estadía en la montaña los sobrevivientes tuvieron que poner todo su ingenio a prueba para lograr salir de allí vivos. Los ejemplos de pensamiento creativo abundan. La pared de maletas, maletines y asientos que construyó el capitán del equipo apenas estrellado el avión para que el viento no entrara al fuselaje, por ejemplo, les salvó la vida. De no existir la pared, se hubieran congelado la primera noche.

Canessa -el compañero de travesía de Nando- también se inventó una especie de "hamaca" para sostener a los más heridos, fabricada con los cinturones de seguridad y dos postes de metal (aunque al final las dos personas que dormían en la hamaca murieron por su debilidad, estuvieron vivos buena parte del tiempo por estar mejor acomodados).

Igualmente ingenioso el invento para derretir el hielo y tomar agua que, según Parrado, era más problemático que la comida (el cuerpo humano se deshidrata cinco veces más rápido a 11.500 pies, la altura donde se encontraba el fuselaje, que a nivel del mar). Para derretir la nieve fabricaron "planchones" con trozos de aluminio que encontraron. La poca luz del sol derretía algo de hielo para poder beber durante el día.

Finalmente, con un aislante para el frío que encontraron en la cola del avión, fabricaron un saco de dormir para la travesía de Parrado y Canessa. Sin el saco, hubiesen muerto congelados en algún pico de los muchos que escalaron.

El presente
A los dos días de haber hablado con Punto-com, Nando Parrado contó su historia ante un auditorio de 15.000 personas en el centro de convenciones de San Francisco. Cuando terminó, los espectadores, que habían escuchado boquiabiertos y en silencio su travesía, se pusieron de pie y lo aplaudieron durante cinco minutos, por su valentía, coraje y determinación.

Y, sobre todo, por su más importante lección. "Hoy sé definir muy bien cuáles son las cosas importantes y cuáles no. A mí me gustan los negocios, quiero ser exitoso, siempre y cuando lo demás esté en su lugar. No podemos negar hoy que lo más importante es la familia. El 100 por ciento de los que estaban en los Andes querían volver a su familia, no a sus contratos, sus estudios, su dinero. Quemamos todo el dinero que había en el avión (7.000 dólares en billetes), lo quemamos por un poco de calor. O sea que el dinero es importante siempre y cuando lo otro caiga en su justo lugar. Prefiero una familia exitosa que un negocio exitoso".

Ese es Nando. Y esas sus lecciones.
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